El pequeño Ernesto tenía apenas cinco años cuando su papá, el piloto misionero Nate Saint, fue asesinado en 1956, al igual que otros cuatro misioneros, por la tribu huaorani del Ecuador.

Sin embargo, gracias al amor y el perdón demostrado por las familias de estos hombres mártires, hay ahora una gran comunidad de creyentes entre los huaorani. Ya adulto, Ernesto regresó al Ecuador, y se hizo amigo de Mincaye, uno de los hombres que mató a su papá. Para ese entonces, Mincaye se había entregado a Cristo.

El lema de Ernesto es “Deja que Dios Escriba tu historia”. Él dijo, “Hay mucha gente que quiere escribir su propia historia, y hacer que Dios sea su editor, cuando las cosas no salen bien. Así que yo decidí, hace mucho tiempo, dejar que Dios escribiera mi historia”.

Cuando Ernesto sufrió un serio accidente en 2012, él tranquilizó a su familia, diciéndoles: “Dejemos que Dios escriba este capítulo también”. Su fe lo llevó a una recuperación total.

Esta historia se sigue desarrollando para todos los seguidores de Jesucristo. Ninguna de nosotras sabe cómo el próximo capítulo de nuestra vida se leerá. Pero mientras miremos a Jesús y corramos con perseverancia la carrera marcada para nosotras, “podremos confiar en Él, que es el autor y consumador de nuestra fe.

Jesús no solo escribió el principio de nuestra historia, sino que Él escribirá el próximo capítulo, y el capítulo final. Cindy Hess dijo, “Deja que tu vida cuente la historia del amor y la misericordia de Cristo al mundo alrededor tuyo”.

Hebreos 12:1 dice, Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Una de las analogías favoritas de la Biblia, acerca del cristianismo, es la carrera. Pablo la menciona frecuentemente en sus libros. A Pablo le encantaba la comparación entre correr la carrera, y vivir la vida cristiana.

Cada una de nosotras corre su propia carrera de obediencia a Cristo. ¡Y estamos en buena compañía! Otros antes que nosotras han corrido la carrera de fe. Algunos de ellos están mencionados en el Hall de la Fe, en el capítulo 11 de hebreos.

Una interpretación muy simpática de este pasaje es que “estos héroes” están ahora en el estadio celestial… ¡vitoreando por nosotras! A través de sus ejemplos, ellos han demostrado “que nosotras también podemos seguir adelante” en esta maratón de fe. Estos héroes también muestran que la carrera no requiere un estatus espiritual superior. ¡NO!

Esta gente eran personas comunes y corrientes… con sus propios retos, pero que confiaban que Dios los ayudaría a salir adelante. Ahora es nuestro turno de correr la carrera de fe. Si estamos en el camino correcto, la podremos correr de la misma forma que ellos lo hicieron. ¿Cómo así? ¡Porque nosotras confiamos “en el mismo Señor” en quien ellos confiaron!

Para correr la carrera que Dios ha puesto delante de nosotras, también debemos deshacernos de todo peso y pecado que nos impide correr. ¿Y cómo podemos hacerlo?

1.Elige amistades que también estén comprometidas en la carrera. Las malas amistades tendrán valores y actividades que te desviarán de la pista. Mucho del “peso” que cargas puede ser el resultado de la mala influencia de las personas con quien te estás juntando.

2.Pon de lado alguna ocupación o afición, qué en este momento, se está convirtiendo en una carga para ti. Déjala por un tiempo, y luego evalúa los resultados en tu vida.

3. Busca ayuda si tienes alguna adicción que te está haciendo tropezar. Y si tienes “un peso o pecado secreto”, como la pornografía, el juego, o el alcohol, las drogas reconoce tu necesidad y busca ayuda hoy mismo.

¿A lo mejor te sientes avergonzada? Has mentido o has hablado mal de una amiga. A lo mejor has roto una promesa, o has traicionado la confianza de alguien. Te sientes culpable y avergonzada.

Cuando pecamos… ¡sentimos sentimientos de culpa y vergüenza! Necesitamos confesárselo a Dios, y a aquellos a quienes hemos ofendido. No debemos ignorar el pecado ni cargarlo como un secreto terrible. Tampoco debemos justificarlo, echándole la culpa a las circunstancias, o a la seducción del diablo. Diciendo, ¡Ay! ¡El diablo me hizo hacerlo!

Cuando nosotras vemos nuestro pecado por lo que es, y lo que le hemos hecho a otros, nos debemos de sentir avergonzadas. Sin embargo, la culpa y la vergüenza pueden resultar buenas, si nos llevan a nuestro Salvador. Cuando Jesús cargó nuestro pecado en la cruz, Él también cargó nuestra vergüenza.

Él está “ahora” sentado en el trono del cielo… ¡pero esto le costó muchísimo! Él colgó de esa cruz romana, desnudo y humillado. ¡Jesús sufrió nuestra vergüenza!

Cuando nos entregamos a Jesús, quien triunfó sobre la muerte y experimentó la vergüenza causada por nuestro pecado, nosotras recibiremos, no solo el perdón por lo que hemos hecho, sino que será el comienzo del fin de nuestra vergüenza.

Haddon Robinson dijo, “Un juez puede suspender una sentencia, pero solo Dios puede quitar nuestra vergüenza”.

2 Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios.

Una de las cosas más difíciles “para nosotras de aprender” es de enfocarnos en Jesús. Estamos tan ocupadas por las preocupaciones del mundo, que requieren de nuestra atención urgente, qué si no nos enfocamos, podremos sucumbir a la tiranía de lo urgente, y comenzar a creer “que estas cuestiones” son las cosas que más importan.

¡Fijemos la mirada en Jesús! La palabra -fijar - significa reservar tiempo deliberadamente, y concentrarnos en la quietud, con determinación. Para poder fijar nuestra mirada en Jesús, necesitamos tener un anhelo profundo de conocerlo, y un deseo verdadero de dedicarle tiempo a solas.

¡Es tan importante fijar tu mirada en Jesús! ¿Necesitas un retrato de la naturaleza de Dios? ¡Es Jesús! ¿Necesitas palabras que vienen directamente de la boca de Dios? ¡Jesús las habla! ¿Necesitas que tus oraciones sean contestadas? ¡Permanece en Jesús!

¿Necesitas conocer el estilo de vida de alguien que hace lo que el Padre hace, que oye lo que el Padre dice, y que hace milagros en el poder del Espíritu? Jesús nos da muchos indicios acerca de cómo estar conectadas con Dios, y de traer el ambiente del cielo a la tierra.

Si perdemos nuestro enfoque en algún momento, debemos hacer “LO QUE SEA” para recuperarlo. De alguna manera, en medio de todas las distracciones y responsabilidades de la vida, debemos mantener a Jesús delante de nosotras. Esta vida “EN JESUS” es nuestra conexión con la voz del Padre. ¡CULTIVAR ESTA CONEXIÓN ES ESENCIAL!

Dios nos ha llamado a correr una carrera, a volar como águilas en el viento de Su Espíritu, y a superar enredos y cargas y pesos que nos impiden avanzar. La falta de fe no tiene lugar en esta clase de vida. Una de las verdades predominantes del reino de Dios es qué, en cualquier momento, nosotras podemos tener la clase de fe que supera… ¡QUE VENCE!

A pesar de sentirnos atrapadas por las circunstancias o por el pecado, ¡NO LO ESTAMOS! ¡Nuestros pesos y pecados no son ningún rival para nuestro Dios! La fe ve la realidad de esta verdad… ¡Y NOS PERMITE CORRER “NUESTRA CARRERA” HASTA EL FINAL!