JESUS – ABOGADO DE POR VIDA– 1 Juan 2:1-2
1 Juan 2:1 dice, Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo. Ninguna de nosotras es perfecta, y no lograremos un estado de perfección, hasta que no lleguemos al cielo.
1 de Juan 5:18 dice, “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios los protege, y el maligno no lo toca.
Todo aquel, que ha nacido de Dios, no practica el pecado. ¡No vive en pecado!” El hijo pródigo se levantó de la pocilga, y se fue a la casa de su padre. No se quedó en la pocilga. ¿Por qué? Porque él era el hijo, ¡no era un cerdo! También Eclesiastés 7:20 dice: “No hay en la tierra nadie tan justo, que siempre haga el bien y nunca peque.”
Pero si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.
Nunca hay necesidad de pecar. Pero si pecamos, tenemos disponible a la defensa perfecta. Una defensa que el Padre recibe gustosamente. Una defensa que Él nos asegura, desde ya, que será bienvenida. Tenemos un Abogado que vendrá a nuestra defensa inmediatamente.
Pero Su defensa no nos sirve de nada, si no hacemos otra cosa, que defendernos a nosotras mismas. ¡No pueden haber dos abogados en tu caso! O confías en la defensa de Jesús – en la manifestación de Su obra a tu favor, que ha limpiado toda mancha, y todo pecado que hayas cometido o vayas a cometer– o prefieres confiar en tu propia defensa.
Aquí estás tú, de pie ante Dios, diciéndole descaradamente, que tú no eres culpable… que tienes una defensa. Tú puedes explicarle a Dios todo esto -- diciéndole que tú actuaste bajo la presión de las circunstancias, o diciéndole que tu pecado NO ES TAN MALO como Dios dice que es.
Pero mientras tú permanezcas con esa actitud, desafiante o evasiva, seguirás justificándote y excusándote. Por lo tanto, el Juez permitirá lo inevitable. Tu conciencia te atormentará. Y te dejará estresada, frustrada, y confundida.
Cuando tú dejes de justificarte, JESÚS TE JUSTIFICARÁ. La sangre de Jesucristo no puede limpiar tus excusas. ¡SU SANGRE SOLAMENTE PUEDE LIMPIAR TUS PECADOS!
Si tú le confiesas, “Señor, REALMENTE, no fueron las presiones. No fueron las circunstancias. No es que estas cosas no sean tan malas como la gente dice. ¡La realidad es que pequé contra Ti! Escogí volverme impaciente. Escogí resentirme. Decidí preocuparme. Decidí dejar que la ansiedad se apoderara de mí.“
Cuando llegamos a esa conclusión, entonces descubriremos que hay Alguien que está de pie ante el Padre, revelándole la justicia de Su vida. DIOS NOS VERÁ A NOSOTROS EN CRISTO.
Quedaremos limpias y aceptadas. Nueva fuerza volverá a fluir en nuestra persona interior, la paz volverá a nuestros corazones, seremos limpiadas de nuestro pecado, lavadas y restauradas a la gracia de Dios.
2 Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Propiciación es una de las grandes palabras de la Biblia, a pesar de que solo aparece cuatro veces en todo el Nuevo Testamento. La palabra griega parapropiciación ha sido traducida de la palabra hebrea propiciatorio, que cubría el arca del testimonio en el santuario.
Dios habitaba sobre el arca, entre las alas de los dos querubines, que se encontraban UNO a cada lado del propiciatorio.
El arca contenía las tablas de piedra donde estaban escritos los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos era la Ley que el hombre rompía continuamente. Pero una vez al año, el sacerdote entraba al santuario, y salpicaba la sangre de un sacrificio sobre el propiciatorio, PARA CUBRIR LA LEY ROTA.
Por medio de este acto, él hacía propiciación por los pecados de Israel. Al cubrir el propiciatorio con sangre, ¡DIOS YA NO VEÍA LA LEY ROTA! El solo veía la sangre del sacrificio. ¡Propiciación se había hecho!
Si buscas la palabra Propiciación en el diccionario, tal vez te formes una idea equivocada de su significado. El diccionario nos dice que “propiciar” quiere decir apaciguar a alguien, que está enojado.
Si esto aplicara a Cristo, entonces veríamos el terrible cuadro de un Dios enojado, a punto de destruir el mundo, Y DE UN SALVADOR AMOROSO, que se entrega a sí mismo para apaciguar al airado Dios, ¡Este no es exactamente el cuadro bíblico de la salvación! Indudablemente, Dios está enojado con el pecado.
Después de todo, Él es infinitamente santo. ¡DIOS ES LUZ! Pero la Biblia nos asegura en Juan 3:16 que“[de tal manera amó Dios al mundo]” NO DIJO [de tal manera odió Dios al mundo].” NO, la palabra “propiciación” no quiere decir apaciguar a un Dios enojado.
Al contrario, se refiere al cumplimiento de la santa ley de Dios. Como Dios es luz, ÉL NO LE PUEDE GUIÑAR EL OJO AL PECADO. Pero también “Dios es amor” y Él quiere salvar a los pecadores. ¿Cómo puede un Dios santo mantener Su propia justicia, y al mismo tiempo, ¿perdonar a los pecadores?
La respuesta está en el sacrificio de Cristo. Dios, en su santidad, juzgó el pecado en la cruz. Dios, en Su amor, le ofrece perdón AL MUNDO, en Jesucristo como Salvador. Dios es justo al castigar el pecado, pero Él es también amor, al ofrecer perdón gratuito a través de lo que Jesús hizo en el Calvario.
A la gente que se está sintiendo culpable y condenada, Juan le da esperanza. Ella sabe que ha pecado, Y SATANÁS, llamado el acusador en el Apocalipsis 12, está demandando la pena de muerte. Cuando te sientas así, no pierdas la esperanza – el mejor Abogado defensor del universo -- está defendiendo tu caso.
Jesucristo, tu Abogado, tu Defensor, es nada menos, que el Hijo del Juez. Él ya ha sufrido la penalidad en tu lugar. Tú no puedes volver a ser enjuiciada por un caso que ya no está en la lista de casos. No tengas miedo de pedirle a Cristo que defienda tu caso. ¡EL YA LO GANÓ!
A veces es difícil perdonar a aquellos que nos han hecho daño. Imagínate lo difícil que debe de ser perdonar a todo el mundo, sin importar lo que haya hecho. ¡Eso es lo que Dios hizo en Jesucristo! NADIE, sin importar lo que él o ella haya hecho, está más allá del perdón. Todo lo que tú tienes que hacer es arrepentirte de tu pecado, recibir el perdón de Cristo , y entregarle tu vida a Él. ¿Amén?


Originaria de Lima, Perú, Carmen Camino se mudó a los Estados Unidos en 1974. Asistió a Nova University en Florida donde obtuvo una licenciatura en Administración de Empresas y una maestría en Administración de Empresas Internacionales.